Música

Docente: Adriana Mastrángelo y equipo de voluntarios.

Martes y jueves de 17.30 a 19:00 hs.

Tanto la música como la expresión corporal son lenguajes por medio de los cuales el ser humano expresa sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos. Actividades éstas que requieren previamente que el individuo pueda sentirse, percibirse y luego manifestarse. Aprendizaje de sí mismo. Búsqueda y encuentro de los propios recursos. Profundización de sí mismo para un fin: el de comunicarse e interactuar con los demás. Esto implica que, si bien no hay necesariamente un aprendizaje de una serie de pasos o gestos preestablecidos, se llegaría a la concreción de ciertos patrones de conducta compartidos. Existe en cada ser la necesidad básica de poder expresarse tal como es, y el deseo de que esta expresión, aún si no es compartida, sea comprendida por él o los otros.

La música en sí misma es lenguaje no verbal (una obra musical comunica) y es parte de la expresión paralingüística que acompaña nuestras palabras. Podemos decir que hay un mensaje trascendente en el hecho musical dado que es un hecho social, religioso y transformador.

El hecho musical es social porque no sólo determina un modelo cultural sino que además, favorece la experiencia de sentirse aceptado por los semejantes, permitiendo la cohesión e integración entre las personas (respecto de los que comparten la ejecución y también de los que la observan).

El hecho musical es religioso y como tal básico de “lo humano”, dado que sirve como instrumento para enfrentar el miedo o la soledad. Y por último, el hecho musical transforma el cuerpo haciéndolo mover y percibir emociones con la consecuente transformación del estado de ánimo de quien escucha música. Además, permite el acercamiento de las personas a través de la danza abriendo un abanico de posibilidades comunicacionales.

El cuerpo y la música como medios de expresión tienen la ventaja, sobre otros, de ser los únicos instrumentos de expresión utilizados por el hombre desde que nace. El empleo del arte como vehículo de comunicación, como exploración de uno mismo o para exorcizar las miserias personales es tan antiguo como la humanidad.

Recapitulando lo dicho hasta ahora, describiremos nuestro quehacer como una actividad planificada desde lo musical y corporal, tendiente a enriquecer los modos de expresión a través de un proceso de aprendizaje que abarque los ámbitos de la sensación, la percepción y las prácticas motoras.

A través de la MÚSICA la persona se expresa libre y espontáneamente, exteriorizando diversos estados de ánimo, situación ventajosa que puede provocar cambios, facilitando su expresión, mejorando su adaptación social, reforzando su autoestima y predisponiéndola para el desarrollo de sus capacidades en los diferentes aspectos.

Nuestros objetivos:

  • disfrutar de las experiencias musicales
  • comunicarnos melódica y corporalmente con el mundo que nos rodea
  • entender el mensaje de lo que se escucha
  • intentar transmitir un mensaje
  • encontrar en la Música un medio que favorezca el desarrollo emocional y social, facilitando la integración al grupo y a la comunidad
  • tener una relación vivencial con las cosas y con los otros seres espontáneamente
  • crecer en equipo; encontrar un espacio para este crecimiento y sentirnos contenidos.

Como así también:

  • Encontrar un espacio para jugar con el mundo del movimiento y el sonido desde la propia historia y situación de vida, recuperando una de las tantas maneras de ser libre, auténtico, cooperativo y feliz.
  • Integrar movimiento y sonido como parte de la identidad personal, a partir de los cuales se logran modos de expresión y comunicación con los otros.
  • Revalorizar el cuerpo y la música a fin de poder vivenciarlos sin temores y con alegría.
  • Ampliar y recrear la imaginación, la fantasía, interpretando, transformando y construyendo modos de expresión del mundo propio.
  • Estimular las producciones propias y el trabajo conjunto.
  • Privilegiar situaciones en las que el participante sea protagonista del hecho musical y pueda desarrollar un rol activo como oyente, como intérprete o como productor-inventor.
  • Propiciar:

*  una actitud de disfrute y valoración de las manifestaciones artísticas propias y ajenas

*  valoración de las posibilidades y limitaciones propias y de los otros

* confianza en las posibilidades propias

* autonomía

* respeto por el tiempo y el espacio propio y del otro

* solidaridad, sin que cada uno deje de ser él mismo

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